20 de julio de 2026

Esperanza

El verano, los miércoles, agosto, el color naranja, las tardes frías de primavera, el 156 al Hipódromo, la calle Fernández Crespo, las mochilas de La vela, los libros de Saramago, la playa, las corbatas, las lapiceras azules, los poemas que escribí a los 16, el 2014, las películas de Jodorowski, los guiones que escribí a los 22, la noche en que Maite me dejó, el día en que mi Abuela Blanca murió, la ciudad de Trinidad. 
La lista sigue, llevo días con una página abierta en Docs, me prometo terminarla pero la ansiedad me susurra al oído errores, disgustos, traumas y tristezas en cada pausa entre capítulo y capítulo de una serie que puse para distraerme, pero que no logra su cometido. 
Cierro los ojos y aparecen las pesadillas, apago la luz de la cocina y aparecen las babosas. Te estoy besando, me humedezco los labios y te vas. Quiero apagar el cerebro y se me prende la radio. 
Todos los días me acuesto y sé que es demasiado tarde, sé que aunque no quiera a las 4 de la mañana le va a sonar la alarma al vecino de arriba y me va a despertar y después ya no voy a poder volver a dormir y también sé que mañana va a ser igual. 
Todas las noches escribo en mi agenda lo que creo me deparará mañana, todavía con la ilusión de que llegue la noche otra vez y no haya querido morir
Dice Sbarra:
“Hay quienes aseguran vivir sin creer ni esperar nada. Mienten. Hasta para suicidarse es necesario tener esperanza, por lo menos, en que con la muerte se acabe el sufrimiento y estar convencidos de que la muerte es un largo sueño. Estas son las cosas que nos torturan, éstas y otras tantas que se entremezclan, se fusionan y se agitan en nuestras cabezas impidiéndonos elaborar un relato lógico. Así es que, mejor, renunciamos.”
Yo no sé si quiero renunciar aún.

13 de julio de 2026

Hay noches.

Hay noches en que no puedo dormir, que me ataca la ansiedad, que no me puedo concentrar y salto de una aplicación a la otra, de una serie a un video, a un reel, a escribir en mi libreta. Que salgo por cerveza y vuelvo arrepentido y solo, mojado por la lluvia y sin cerveza. 

Hoy quisiera tenerle menos miedo a la muerte, no estar tan ansioso por un futuro incierto, pensar en qué me voy a equivocar la próxima vez, o la otra, o la siguiente, que me voy a dormir mañana, que voy a volver a la depresión, quiero no tener miedo de recaer, dejar de temblar, aprender a amar sin miedo a que todo se termine. 
Hoy es una de esas noches en que me lleno de culpa, en que lloro por haber pasado tantas noches triste, y lloro más porque el ciclo se repite. Que me critico a mi mismo por no salir del pozo, que me siento sucio. Solo. Hay noches en que borro todo lo que escribo, que leo mis palabras y me parecen ajenas, que miro mi biblioteca y no recuerdo haber leído nada. En que pienso en mi madre y no siento su perfume, que quiero hablarle a mi padre y olvidé su número. 
Hoy, no sé por qué, no puedo dormir, no hay abrazos, ni las sábanas se sienten cálidas, no tuve fuerza para cambiarme, ni me hacen efecto las pastillas, volví a fumar, volví a llorar, volví a escribir y borrar. 
Hay noches, como hoy, muy parecidas a otras noches donde no me reconozco.

30 de octubre de 2023

Distopía

Soñaste que me iba, me apretaste fuerte la mano y no quise irme nunca, venía siendo la despedida más larga y dolorosa de mi vida. Esa noche moría de ganas de que el mundo se cayera a pedazos. Eran las dos de la mañana y mi cabeza explotaba, llevaba 3 horas acostado sin poder dormir y me mareaban los ruidos de sirenas que bajaban por Hermanos Damascenos, vomité bilis y llanto. Pero volví a la cama, hubiera sido un idiota si no pasaba mis últimas horas en la ciudad contigo, aunque no me gustara el lado izquierdo de la cama no lo cambiaría, vos eras la responsable de levantarte a media noche a abrirle al perro y estaba cerca de los enchufes para apagar las alarmas. Siempre fuiste vos la responsable y yo siempre un mamarracho, por eso dormías ahí, cerca de la puerta y de los enchufes.

Me dolió el estómago lo que quedó de la noche y al final no dormí nada, me duele la cabeza hasta ahora que ya pasaron 4 meses. Esa noche vos dormiste, pero tu sueño no era sueño, era tristeza, del adiós más largo del mundo.

Igual quise guardar esa noche en mis recuerdos, porque aunque pareciera una madrugada cualquiera, fue la última.

Una vez te conté mi secreto para memorizar todo, en mi mente veo una casa enorme y guardo cuidadosamente los recuerdos en cada rincón, aunque no siempre funciona y hay cuartos en los que ya no puedo entrar y también hay otros que los tengo cerrados con llave. 

Mi memoria por más que es buena es un tanto caótica y recuerdo cosas sin mucho sentido, como que la palabra que siempre se te olvidaba era "distopía" o tu número de cédula, o el nombre del perro que tenías de chica, o la banda favorita de tu padre. Y los días en que estoy triste como hoy, siento que esa casa de recuerdos se derrumba y tiendo simplemente a abrazar el primer pensamiento lindo contigo, taparme e intentar dormir, del lado derecho pero en una cama muy lejos de la tuya.