23 de julio de 2026

Aprendí

Aprendí a tocar la guitarra para que escuches tu canción favorita junto a mi. Me mudé, para que no camines por esa esquina que no te gustaba; pedí helado en julio, porque me decías que era romántico. Escribí poemas para que me vuelvas a decir que te gustaban mis textos. Hice listas por la mañana, compré fruta en la feria, cociné sano para toda la semana, fui al peluquero y recompuse la relación con mi abuela. Dejé de tomar los lunes y empecé a leer libros en papel, también volví a escribir mis cuentos a mano.

Aprendí a correr lunas jugando con tu perro, a decirle Batlle y Ordoñez a Propios, tuve que diferenciar el 121 del 21, porque solo uno me dejaba en tu casa. 

Vi El Septimo Sello, y escuché a Tonolec, descubrí que eran el erke y el erkencho escuchando la música del norte de Argentina que tanto te gustaba. Dejé de ver televisión y cerré twiiter, cambié mi email, empecé a decir adiós y disculpe. Cambié a Tarantino por David Lynch. 

Pero también lloré canciones de Marea y Estrechinato, recordándote cuando no estabas. 

Con el tiempo también terminé mi carrera, porque quería ser una buena opción, pero ya era tarde, De pronto nada me hacía reír más que el recuerdo de tu sonrisa y empecé un espiral descendente a la locura, extrañándote en los momentos más inoportunos. 

Todo terminó y supe que no era yo al que amabas. Y que en verdad no te conocía. Que no había sido mi culpa, ni la tuya, que habíamos hecho lo imposible, pero no alcanzó, que nos habíamos acostumbrado a dar todo por el otro sin cuidarnos a nosotros mismos. Y que nada podía arreglar las cosas. Y que cambié pero no aprendí, que no curé. Volví a estar solo, a escribir hasta tarde, a romper libretas, a caminar por Guayabos para esquivar la gente, no volví a tocar la guitarra pero sí volví a mudarme, para no recordarte volviendo a casa.

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